EL NIÑO Y LAS MARIPOSAS AMARILLAS (Luisa García)

En una ciudad muy apartada del planeta, vivía un niño solo en una casita muy chiquitita y casi en ruinas que  había encontrado en el rincón de una esquina, porque su dueño, un perro, la había dejado abandonada. Era reconocida por su pobreza, pero también, porque a su alrededor sobrevolaban numerosas mariposas amarillas. Las personas que vivían a su alrededor o pasaban cerca de él, no lo querían, lo despreciaban, lo humillaban y algunas veces lo agredían. ¡Era tan indefenso!.

Un día, inesperadamente se quedaron sin techo por causa de un tremendo terremoto; muchos murieron por la intensidad del movimiento teúrgico y los que lograron sobrevivir, tuvieron que mudarse  a otros lugares porque todo quedo destruido.

El niño que se encontraba allí  en ese momento,  era una personita tan fuerte que hasta logró sobreponerse, no le paso nada, a pesar de la humildad de su casa pudo sobrevivir porque su vivienda había sido fabricada antisismos.

El niño a pesar de su pobreza y pasar tantas necesidades tenía sus sueños, quería ser médico, y no cualquier médico, quería ser el más importante y prestigioso del país. Fue a la escuela con todas las dificultades del mundo, siendo siempre el mejor; pasó al bachillerato y era brillante.

Para ir a la universidad se postuló en la facultad de medicina para una beca y la ganó. Se propuso ser el mejor y lo logró. Trabajó, consiguió dinero y logró abandonar la  casita que por tantos años lo había librado del frio, pero que también había sido testigo de horas de sacrificio y desvelo para lograr su cometido.

Se fue a vivir a un lugar maravilloso, que aunque extraño y solitario era mágico. Ocurrían cosas raras y sorprendentes, por ejemplo, el agua que era azul se convertía en color naranja y sabía a jugo de naranja, las nubes encontraban en el firmamento, de repente caían y se convertían en copos de nieve produciendo un aroma que dejaba sin aliento a sus habitantes; las estrellas que lanzaban destellos de luz y esplendor, bajaban, y de ellas caían asombrosas mariposas amarillas como una  lluvia, estas fueron las mismas que acompañaron al niño en su infancia y que llenaban de alegría aquel rinconcito lleno de ilusiones; a pesar de conocerla toda su vida le pareció una maravilla.

 Y es así como aquél famoso médico que fue reconocido no solo por sus conocimientos médicos, fue identificado como  el señor de las mariposas amarillas, siempre le acompañaban iluminando su camino. Sus habitantes vivían maravillados, se sentían orgullos, pues, todo era un espectáculo. Todos querían verlas y conocerlas.

El niño, que ahora era un hombre, educó a sus mariposas como bailarinas, e hizo campañas a través de ellas, convirtió su ciudad en un circo y con sus recaudos logró construir una gran escuela y un prestigioso hospital y en todos los puntos de ingreso se encontraban letreros que decían: “bienvenidos a la ciudad de las mariposas amarillas”. 

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