Incierto en el desierto (Diego Irreño)

En el desierto

Ellos estaban allí uno pidió una cerveza, el otro pidió un vino muy fino y ella pidió un whisky, estaban charlando sobre el viaje en el que se iban a adentrar, salieron y emprendieron su viaje.

Ya a menos de la mitad de camino donde el día se encontraba sobre los 40°C y la noche bajo los 0 ° C, llegaron a un punto donde todo era inerte, todo su alrededor estaba cubierto por arena, sus provisiones escaseaban, ellos jamás imaginaron lo duro que iba a ser su viaje, por consiguiente comenzaron a tener alucinaciones, divisaron a lo lejos un hombre invocando una tormenta de arena y luego se fue como si nada, la tempestad los azota violentamente, en ese momento los baño la oscuridad de un eclipse, creo un cambio abrupto en la temperatura, la borrasca ceso, pero la ocultación del sol no, solo una pequeña esperanza de luz cayo donde había un otero de arena que se convirtió en escarcha, se preguntaban ¿qué era eso?, se dieron cuenta que se derretía al tener contacto con el calor y al ocurrir esto se volvía el elemento fundamental para vivir.

Las noches literalmente eran eternas, uno de ellos fallece a causa de hipotermia, los otros dos no tenían tiempo para lamentarse o si no ellos también finarían, y con relación al que le habían nombrado “hielo” aún no se había derretido por completo. Ella estaba muy tensionada así que le pidió el favor a su compañero a que la enterrara viva, él se negó, ella le imploro le dijo que no quería continuar con el sufrimiento, así que él le satisfizo su petición. Siguió su camino en medio de la soledad, lo que él no sabía y alguno u otro lector es que el viaje era eterno, se acabaría hasta que el muriera, con el tiempo su cuerpo se envejecía como el de cualquier otro ser vivo, hasta que murió. No se sabe cómo el hielo llego a manos de otra persona.

Esto es completamente imposible para un científico pero para otros no, tal vez a un científico le parezca mentira solo por tenerle miedo a la verdad, por estar en un mundo donde la falsedad es en realidad la aseveración.

Diego Irreño

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